jueves, 10 de marzo de 2011

Everyday

Despertó como cualquier otro día.
Se sentía cansado y recién había abierto los ojos.
Su cuello le jugaba una mala pasada y su mente también.
El calor allí era sofocante.
El sol calcinante.
De todos modos ya no podía volver a dormirse.
Le ofrecieron el desayuno, su siempre dolorido estomago dijo que no.
Quería terminar con todo de una vez por todas.
Pero en el fondo sabía que no lo iba a poder hacer.
Era tan distinto a lo que alguna vez había soñado ser.
Siempre se miraba al espejo luego de mojar su rostro con agua.
Siempre se daba cuenta, que siempre se veía igual.
Sus mañanas eran tristes y sus noches mas
Y por las tardes callaba profundamente.
El frió nunca helaba sus huesos.
Busco algún tipo de soporte, una sonrisa seria mejor, dijo.
Nadie siguió con el y el a nadie siguió.
Exclamo que extrañaba que ella lo quiera como antes.
Pero siguió. Como siempre siguió.
Hasta el final iba a seguir.
En el fondo sabia, que no iba a ser tan fuerte como para pegarse el tiro.
Necesitaba algo de felicidad.
Alguien le dijo que no todo estaba perdido. Quedaba algo más.
Sonrió sarcásticamente, como generalmente lo hacia.
Pensó, en lo que le quedaba vivir.
Después de todo, si el sueño no se cumplía como el quería, no era tanto.
Diez años más, diez años menos. No le cambiaban tanto.
Pero bueno, pensó. Promesas son promesas. Diez años más.
Ya la noche iba cayendo y otro día se iba coloreando.
Pidió que no sea igual. Pero sabía.
Sabía que no iba a ser como pedía.
Sabía que iba a ser como siempre.
Sabía que de ahí tan fácil no se iba a poder zafar.
Sabía que todo igual, iba y debía por un tiempo continuar.
Sabía finalmente, que nada sabía. 

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